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viernes, 11 de marzo de 2011

Mundo necesita sacerdotes nuevos que no se dejen vencer por fatiga

Mundo necesita sacerdotes nuevos que no se dejen vencer por fatiga


VATICANO, 09 Mar. 11 (ACI/EWTN Noticias).- El Prefecto de la Congregación para el Clero, Cardenal Mauro Piacenza, afirmó en un mensaje al clero del mundo con ocasión de la Cuaresma que la nueva evangelización exige sacerdotes "nuevos" que no se dejen vencer por la fatiga diaria, sino que tengan un corazón profundamente renovado y convertido a Cristo.

El texto de la carta, publicada este 8 de marzo, es el siguiente:

"Queridos hermanos en el Sacerdocio:

El tiempo de gracia, que se nos ofrece para vivirlo juntos, nos llama a una conversión renovada, así como siempre nuevo es el Regalo del Sacerdocio ministerial, a través del cual, el Señor Jesús se hace presente en nuestras vidas y, por medio de ellas, en la vida de todos los hombres.

Conversión, para nosotros Sacerdotes, significa sobre todo conformar cada vez más nuestra vida a la predicación, que cotidianamente podemos ofrecer a nuestros fieles, si de tal modo nos transformamos en 'fragmentos' del Evangelio viviente, que todos puedan leer y acoger.

Fundamento de una tal actitud es, sin duda, la conversión a la propia identidad: ¡debemos convertirnos en aquello que somos!. La identidad, recibida sacramentalmente y acogida por nuestra humanidad herida, nos pide la progresiva conformación de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestras actitudes, de todo cuanto somos a la imagen de Cristo Buen Pastor, que ha sido impresa sacramentalmente en nosotros.

martes, 12 de octubre de 2010

El Rosario es la oración más querida por la Madre de Dios, dice el Papa Benedicto XVI

El Rosario es la oración más querida por la Madre de Dios, dice el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 10 Oct. 10 (ACI).- Miles de fieles y peregrinos rezaron en la Plaza de San Pedro este mediodía el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien desde la ventana del Palacio Apostólico recordó a los presentes la importancia del rezo del Rosario: la oración más querida por la Madre de Dios y que conduce directamente a Cristo.

El Papa, que celebró la Misa de apertura de la Asamblea Especial para el Medio Oriente del Sínodo de los Obispos, recordó que "en aquellos países, lamentablemente marcados por profundas divisiones y heridas a causa de los varios conflictos, la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de unidad y de reconciliación, siguiendo el modelo de la primera comunidad de Jerusalén".

"Esta tarea es ardua, pues los cristianos en el Medio Oriente se encuentran frequentemente soportando condiciones de vida difíciles, tanto a nivel personal como familiar y comunitario. Pero esto no debe desalentar: es justamente en este contexto en que es más necesario y urgente el mensaje de Cristo: 'Convertíos y creed en el Evangelio'", dijo el Papa y seguidamente invitó a todos a "rezar pidiendo a Dios una abundante efusión de los dones del Espíritu Santo".

Seguidamente el Papa se refirió al mes de octubre como el "mes del Rosario", en el que "se trata de una entonación espiritual dada por la memoria litúrgica de la Beata Virgen María del Rosario, que se celebra el día 7".

Así mismo recordó que "estamos invitados a dejarnos guiar por María en esta oración antigua y siempre nueva, muy apreciada por ella porque nos conduce directamente a Jesús, contemplado en sus misterios de salvación: de gozo, de luz, de dolor y gloriosos".

"El Rosario –continuó el Papa recordando al venerable Juan Pablo II– es la oración bíblica, totalmente tejida por la Sagrada Escritura. Es una oración del corazón, en la que la repetición del 'Ave Maria' orienta el pensamiento y el afecto hacia Cristo. Es oración que ayuda a meditar la Palabra de Dios y a asimilar la Comunión eucarística, bajo el modelo de María que custodiaba en su corazón todo aquello que Jesús hacía y decía, y su misma presencia".

Seguidamente el Papa rezó el Ángelus, saludó a los presentes en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica. En su saludo en español, el Santo Padre se dirigió de manera particular "al grupo de la Comunidad y Colegio de Madres Agustinas, de Huelva, en su quinto centenario, así como a los rapresentantes del Colegio Gabriel Taborín, de Córdoba en Argentina".

Finalmente invitó a "todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida. Que en este mes de octubre, la invocación constante del dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza. Feliz Domingo".



miércoles, 2 de junio de 2010

Jesús es único tesoro que debe darse a humanidad, recuerda el Papa Benedicto XVI

Jesús es único tesoro que debe darse a humanidad, recuerda el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 01 Jun. 10 (ACI).- Al participar ayer por la noche en la tradicional procesión con la que concluye el mes mariano con el rezo del Santo Rosario, el Papa Benedicto XVI recordó que "Jesús es el verdadero y único tesoro que tenemos que dar a la humanidad. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen una profunda nostalgia de Él, incluso cuando parecen ignorarlo o rechazarlo".

Ante la gruta de la Virgen de Lourdes ubicada en los jardines vaticanos, el Santo Padre se refirió a la fiesta de la Visitación de la Virgen María a su pariente Isabel y resaltó que en este gesto "reconocemos el ejemplo más claro y el significado más real de nuestro camino de creyentes y del camino de la misma Iglesia, que es misionera por naturaleza, está llamada a proclamar el Evangelio por todas partes y siempre, a transmitir la fe a todo hombre y mujer, y en cada cultura".

"María se queda con Isabel unos tres meses, para ofrecerle la cercanía afectuosa, la ayuda concreta y todos aquellos servicios cotidianos que necesitaba. Isabel se convierte de este modo en el símbolo de tantos ancianos y enfermos, es más, de todas las personas que necesitan ayuda y amor. ¡Cuántas personas en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, se hallan hoy en día en esta situación!. Y María –que se había definido 'la esclava del Señor' – se hace sierva de los hombres. Más precisamente, sirve al Señor que encuentra en los hermanos".

Tras subrayar que "la caridad de María, sin embargo, no se limita a la ayuda concreta, sino que llega a la cima cuando nos da al mismo Jesús, cuando hace que lo encontremos", el Papa dijo: "Este es el corazón y la cumbre de la misión evangelizadora. Este es el verdadero significado y el propósito más genuino de todo camino misionero: donar a los seres humanos el Evangelio vivo y personal, que es el mismo Señor Jesús".

Seguidamente el Papa señaló que "Jesús es el verdadero y único tesoro que tenemos que dar a la humanidad. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen una profunda nostalgia de Él, incluso cuando parecen ignorarlo o rechazarlo. La sociedad en que vivimos, Europa, el mundo entero, lo necesitan".

Benedicto XVI resaltó al finalizar que "se nos ha confiado esta responsabilidad extraordinaria. Vivámosla con alegría y con empeño, para que en nuestra civilización reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares indispensables e insustituibles de una verdadera convivencia ordenada y pacífica".

"Vivamos esta responsabilidad escuchando siempre la Palabra de Dios, en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Que esta sea la gracia que pedimos juntos esta noche a la Santísima Virgen", concluyó.





martes, 19 de enero de 2010

Eucaristía y la Virgen María - Benedicto XVI

Eucaristía y la Virgen María
Benedicto XVI



La relación entre la Eucaristía y cada sacramento, y el significado escatológico de los santos Misterios, ofrecen en su conjunto el perfil de la vida cristiana, llamada a ser en todo momento culto espiritual, ofrenda de sí misma agradable a Dios. Y si bien es cierto que todos nosotros estamos todavía en camino hacia el pleno cumplimiento de nuestra esperanza, esto no quita que se pueda reconocer ya ahora, con gratitud, que todo lo que Dios nos ha dado encuentra realización perfecta en la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: su Asunción al cielo en cuerpo y alma es para nosotros un signo de esperanza segura, ya que, como peregrinos en el tiempo, nos indica la meta escatológica que el sacramento de la Eucaristía nos hace pregustar ya desde ahora.

En María Santísima vemos también perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta claramente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. La Virgen, siempre a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cf. Lc 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad. Este misterio se intensifica hasta a llegar a la total implicación en la misión redentora de Jesús. Como afirmó el Concilio Vaticano II, « la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie (cf. Jn 19,25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, ahí tienes a tu hijo ». Desde la Anunciación hasta la Cruz, María es aquélla que acoge la Palabra que se hizo carne en ella y que enmudece en el silencio de la muerte. Finalmente, ella es quien recibe en sus brazos el cuerpo entregado, ya exánime, de Aquél que de verdad ha amado a los suyos « hasta el extremo » (Jn 13,1).

Por esto, cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia. Los Padres sinodales han afirmado que « María inaugura la participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor ». Ella es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía.


(Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis sobre la Eucaristía, Fuente y Culmen de la Vida y de la Misión de la Iglesia, 33)




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